Cómo funciona

El método

Por qué esto se recuerda y releer apuntes no.

El problema que resuelve

Estudiaste para una fecha, rendiste, y seis meses después no quedaba casi nada. No fue falta de estudio: fue falta de recuperación. Sin volver a sacar la información de la cabeza cada tanto, todo lo aprendido caduca.

Releer no arregla eso. Al releer, el material se siente familiar y esa fluidez se confunde con saberlo. Es la trampa central: la sensación de dominio aparece justo cuando menos estás aprendiendo.

El ciclo

  1. Una vez

    Capturás

    Pegás el material y lo convertís en una nota y unas pocas tarjetas. Decidir qué merece una tarjeta y cómo formular la pregunta es el estudio, no un trámite previo. Por eso conviene editar lo que propone la IA en vez de aceptarlo de una.

  2. Todos los días

    Repasás

    Diez o quince minutos. El sistema elige qué mostrarte. No releas la nota antes — si te das la respuesta, el ejercicio deja de servir. Intentá recordar aunque duela: ese esfuerzo es el que fija la memoria.

  3. Cuando fallás

    Volvés a la nota

    Ahí sí. Una tarjeta fallada es una señal de qué no entendiste.

La nota es tu memoria externa — la consultás.
Las tarjetas son tu memoria interna — las entrenás.

Los cuatro botones

Tu calificación no es una opinión que se archiva: es el número con el que el algoritmo decide cuándo volver a mostrarte esa tarjeta. Calificar de más degrada el sistema en silencio.

1Otra vez

No te acordabas.

Vuelve hoy. La estabilidad se derrumba y arranca de nuevo.
2Difícil

Lo sacaste, pero lento o dudando.

Intervalo más corto que «Bien».
3Bien

Lo recordaste con esfuerzo normal.

El caso por defecto. Acá va la mayoría de tus repasos.
4Fácil

Instantáneo, sin ningún esfuerzo.

Salto grande de intervalo.

La regla honesta: si tuviste que ver la respuesta para saber que estabas en lo cierto, eso es Otra vez. No «Difícil». Ese «ah sí, claro, lo sabía» al leer la respuesta es el espejismo que hay que desarmar.

Los intervalos bajo cada botón son la consecuencia exacta de lo que estás por elegir. Miralos las primeras veces.

Por qué funciona

Sin repasar, lo aprendido se cae solo. Cada repaso hecho justo antes de olvidarlo aplana la curva un poco más, y por eso los intervalos se van estirando:

100%0%141233díascon repaso espaciadosin volver a verlo

Eso es el efecto de espaciado. El otro es el efecto de testeo: sacar el dato de la cabeza fortalece la memoria más que volver a leerlo — por eso se responde y no se relee. El algoritmo (FSRS) estima tarjeta por tarjeta cuánto retenés y elige el día.

Las reglas que lo sostienen

  • Pocas tarjetas. Máximo cinco por nota y veinte por importación. Cada tarjeta es una deuda diaria para siempre; treinta tarjetas nuevas de una sentada garantizan que abandones en dos semanas.
  • Una tarjeta, una cosa. Si el reverso es una lista de cuatro ítems, son cuatro tarjetas o ninguna.
  • El frente se responde sin la nota. Nada de «¿qué dijimos sobre X?».
  • No existe estudio sin artefacto. Si terminaste una sesión sin producir al menos una nota y un par de tarjetas, esa sesión no contó. Esto mata el «ver videos y sentir que aprendí».
  • Todos los días vale más que mucho un día. Quince minutos diarios superan a dos horas del domingo, y no es cerca.

Los tipos de mazo

El tipo no es una etiqueta de color: cambia por completo qué tarjetas genera la IA.

Tech. Preguntas de mecanismo y por qué, con código cuando aclara. No sintaxis que se busca en cinco segundos.
Idioma. Producción español → idioma meta, en oraciones completas. Recordar produciendo es más difícil y más útil que reconocer.
Concepto. Trade-offs, complejidad y condiciones de falla. No definiciones.

Dónde vive cada cosa

Tres niveles, y cada uno hace algo que los otros no.

Tarjeta. Una pregunta y su respuesta. Es lo único que se repasa.
Mazo. Lo más chico que te sentarías a estudiar de una sentada.
Estante. Varios mazos del mismo tema, en orden.

Y una cuarta pieza que no está en el dibujo: la nota, el apunte del que salieron las tarjetas. Es adonde volvés cuando una falla — la tarjeta te dice que no lo sabés, la nota te dice qué era.

  • Un nivel, no un árbol. Un estante no entra en otro. Si algo parece pedir tres, el criterio que desempata es el del mazo: lo más chico que te sentarías a estudiar de una.
  • El estante ordena la pantalla, no la agenda. Lo vencido de todos sus mazos entra a la misma cola del día, mezclado. Darle a cada unidad su propia cola es lo que te haría repasar la unidad 1 para siempre.
  • El orden importa. Las tarjetas nuevas salen en el orden en que se cargaron, así que el orden de los mazos dentro del estante es el orden en que los vas a estudiar.

Compartir, publicar y copiar

Un mazo o un estante pueden estar privados, compartidos con los correos que agregues, o públicos para cualquiera con cuenta. Publicar un estante publica sus mazos — ojo con eso: un mazo privado dentro de un estante público pasa a verse.

Para publicar hay que elegir un área de conocimiento. Es con lo que se navega el catálogo, y no es lo mismo que el tipo de el mazo: el tipo decide cómo se generan las tarjetas, el área dice de qué trata. Un mazo de vocabulario de matemática en inglés es de tipo Idioma y área Matemática.

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Copiar es copiar, no suscribirse. Lo que copiás pasa a ser tuyo: tus tarjetas, tu agenda, tus ediciones, y lo que cambies no afecta al original ni al revés. Es a propósito. Todo el sistema de reincidentes se apoya en que puedas reescribir una tarjeta que te falla, y si la tarjeta fuera de otro no podrías. Copiar un estante se lleva todas sus mazos, en orden.

Reincidentes

Apuntá a acertar (Bien o mejor) alrededor del 85-90% de las veces. Cuando una tarjeta se te resiste una y otra vez, la app la marca como reincidente y la saca sola de la cola diaria.

No es castigo, es aritmética: una tarjeta con ocho fallos vuelve cada uno o dos días, mientras una sana vuelve cada mes y medio. Cinco reincidentes pueden ser la mitad de tu cola, y ahí es donde la gente abandona.

Lo contraintuitivo: una tarjeta que fallaste ocho veces casi nunca es un problema de memoria. Es una tarjeta mal escrita. Repetirla más no la arregla — solo te cuesta más tiempo.

Falla siempre porque pregunta dos cosas: sabés una mitad y calificás mal la entera.
Partida en dos, cada una se responde entera. Eso es reescribirla.

Las cinco causas, en orden de frecuencia:

  • Pregunta dos cosas. La de arriba. Son dos tarjetas.
  • La respuesta es una lista. Sacás dos de tres ítems y calificás mal, para siempre. Una lista de N cosas son N tarjetas.
  • El frente es ambiguo. Admite varias respuestas válidas y producís otra.
  • Interferencia. Dos tarjetas demasiado parecidas que confundís entre sí.
  • Nunca lo entendiste. El único caso en que hay que leer, no repasar.

Tres salidas —reescribir, reactivar igual o dar de baja— y las tres te piden la causa. Dar de baja vale: no todo merece estar en tu memoria. Con el tiempo esa cuenta es un espejo de cómo escribís tarjetas: si el 60% de tus bajas son «la respuesta es una lista», el problema no son las tarjetas sueltas sino tu forma de cortarlas.

Empezá

Capturá algo que estés estudiando ahora. Tres tarjetas alcanzan para el primer día.

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